viernes, 4 de junio de 2010

El caso de esta joven familia de Parla (Madrid) retrata dolorosamente a la perfección el drama actual de miles de familias así como la ecuación que condujo a la burbuja del ladrillo: la avaricia de bancos e inmobiliarias sumada a la insensatez financiera de gente, en muchos casos, mal informada.

"Les decimos [al banco] que se queden con el piso, pero nos dicen que no son una inmobiliaria"

José Luis y Verónica están en el paro. Él percibe 1.100 euros de prestación al desempleo, pero este ingreso se esfumará en octubre. A Verónica hace tiempo que no la llaman del supermercado en el que era cajera por horas, y desde hace dos meses recibe los 426 euros del programa temporal de protección por desempleo. Sus ingresos no dan para pagar su deuda hipotecaria: 400.000 euros por los que les reclaman una cuota de 1.800 euros al mes que, sencillamente, no tienen.

En un cajón del salón -lleno de juguetes, fotos familiares y cuadros de estética romántica hechos por Verónica- acumulan desde hace cuatro años cientos de papeles: el rastro de su drama.

En 2006, España parecía ir bien y Juan Luis y Verónica también. Él tenía un empleo fijo en una fábrica de accesorios para coches y eran propietarios de un piso en su pueblo (Parla, un municipio del sur de Madrid) por el que pagaban 400 euros de hipoteca. "Menos que un alquiler", apuntan.

Tenían también un niño y un bebé. "¿Y si buscamos una casa con patio para que jueguen?", se dijeron. Y empezaron a buscar. Vieron un anuncio de una inmobiliaria de nombre sugerente: Tu nueva casa (de Grupal S.L.) y les llamaron.

Las facilidades fueron la trampa

"Todo fueron facilidades", relata la pareja mientras sus hijos juegan con sus respectivas consolas. "Nos hablaron de una promoción que nos gustó. Casi no teníamos ahorros y todavía no habíamos vendido nuestro piso de Parla, pero nos dijeron que eso no era un obstáculo: tenían un acuerdo con Unión de Créditos Hipotecarios (UCI, del banco Santander), ellos nos asistirían".

Y así fue: para ayudarles en la compra de su "vivienda unifamiliar", en un pueblo a escasos kilómetros de Parla, UCI les propuso hacer un crédito puente: sumarían ambas hipotecas -la del piso y la de la nueva casa- hasta que vendieran el piso de Parla, cosa que sucedería rápido, les tranquilizaron: sólo tenían que firmar una acuerdo de exclusividad por un año con Tu nueva casa y ellos se encargarían de la venta.

Más facilidades todavía: durante los primeros tres meses no tendrían que pagar absolutamente nada. Para acabar de convencerlos les dieron un documento ("a efectos informativos y de transparencia", reza el texto) con una 'simulación' de sus cuotas durante todo el crédito: 740 euros al mes durante 30 años.

La simulación pintaba un mundo multicolor: el Euribor se mantendría constante, el piso de Parla se vendería en menos de tres meses por 220.000 euros, la pareja pagaría a tiempo sus cuotas... A Verónica y Juan Luis les pareció estupendo: por 340 euros extra, tendrían una casa con patio en lugar de un piso. "Era nuestra ilusión", dicen. Y firmaron. En 2007 se mudaron. Y empezaron los problemas.

Su nueva "vivienda unifamiliar" (de la promotora Lontana Sureste) presentaba múltiples deficiencias: la puerta principal no cerraba por dentro, las persianas se atascaban, la cisterna goteaba. Y lo peor: el patio siempre estaba encharcado. Tras una tormenta se inundó y tuvieron que llamar a los bomberos. Estos descubrieron que el desagüe ni siquiera tenía tubería de salida; era de adorno. La pareja, además, tuvo serios problemas con unos vecinos, así que decidieron regresar al piso de Parla, que seguía sin venderse.

De hipotecados a morosos

Acudieron a la inmobiliaria que tan de rosa les había pintado el panorama para que les devolvieran las llaves de su piso, pero esta había cerrado. Tras mandar varios burofax, consiguieron recuperarlas. Por esas fechas la fábrica en la que Juan Luis llevaba 13 años trabajando echó el cierre rumbo a países más baratos. Ante la nueva situación, la pareja dejó de pagar su hipoteca.

Hoy, la familia Álvarez maldice el día en que tuvieron la idea de mudarse a una casa mejor. La compraron en 2006 por 200.000 euros. Hoy está a la venta por unos 150.000. Cuando se venda (si se vende), deberán hacer frente a la diferencia más los intereses de demora, que no han hecho más que crecer (ya suman 50.000 euros).

Juan Luis y Verónica son socios de la Plataforma de Afectados por la hipoteca , que reclama la moratoria de los desahucios y la condonación de la deuda de las familias. "Nos han arruinado la vida y no vemos salida", dice Juan Luis. "Si vendemos el piso tendríamos que pagar un alquiler, pero no tenemos dinero. Si nos quedamos tenemos que seguir pagando la deuda... Hagamos lo que hagamos, pinta mal".

"A UCI les decimos que se queden la casa pero nos contestan que no son una inmobiliaria", interviene Verónica. "A este paso, le vamos a dejar la deuda a nuestros hijos", dice con una sonrisa amarga. Y no es una metáfora.

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